lunes, 2 de julio de 2007

Algunas excusas, y un "búscame"


Antes de marcharme unos días, quería pediros perdón por mi ausencia en vuestros blogs. Todo gira demasiado rápido. Tic tac tic tac tic tac. Y apenas tengo tiempo ni para leeros, ni para leerme (aunque sin duda, jode infinitamente más lo primero).

En especial, dejaros un abrazo minusválido pero cargado de amor a Angie, a Roberto Álamo, a Amandine, a Angus, a Alice (aunque ya no viva aquí), a Botas de agua, a Bohemia, a la Niña perdida, a Lapicero Azul, a Cristy, a Iraultza, a Wendy, a Eika, a Mistress Blue, a mi querido Jl, y al resto de vosotros, de cuyos nombres mi olvidadiza memoria no quiere acordarse.

Se os quiere mucho y bien, aunque no exista forma de hacéroslo saber cada segundo.

Un abrazo, y la promesa de volver muy pronto y de buscaros.


BÚSCAME.


Búscame, donde las yemas de los dedos encuentran el algodón de azúcar como el pan de cada día para alimentarse las ganas de comerse hasta las sobras.
Búscame donde suena esa canción que te escribí, donde aún guardas todo lo que nos robamos.
Búscame en un bar lleno de borrachos y fracasados, de bohemios y poetas con farolas estalladas en sus ojos.
Búscame donde no puedas encontrarme. Porque en el fondo, ni tú serás capaz de volver a quererme como me quisiste, ni yo estoy preparada para perderte así, de esa manera tan irreversible.

domingo, 10 de junio de 2007

...cosas de niños


- Oye niña, ¿me lo das?
- No. Te lo cambio por amor.
- Eso es trampa...
[ Y así empezaron los juegos sucios...]





lunes, 4 de junio de 2007

cadena perpetua

He dado una vuelta y media en la cama. He pestañeado a cien por hora en esta carretera del sueño que marca 90, como límite de velocidad. Me han multado por contradictoria y contraindicatoria. He acertado en la ruleta de la suerte la palabra más imprevisible, y he olvidado la cartera en la sección de objetos perdidos, mientras preguntaba por unas fotografías en blanco y negro que ayer regalé por equivocación a una antigua amante que creía querer más de lo que hoy creo que quiero.
Soy mujer de bolsillo, no por ser pequeña, sino porque me gusta sentirme envuelta en pantalones, y apretarme contra la carne hasta perder la respiración.
Soy mujer de palabras a medias y de falsas promesas, y de mentiras piadosas, y de verdades innecesarias.
Soy mujer de carreteras, de cruces, de esquinas, de viajes, de huidas.
Soy mujer de sopas calientes de letras, de nombres fáciles, de cruces de piernas desbocados, de ventanas abiertas, de bocanadas de aire, de humo, de ceniza, de escombros, de cosechas, de sequía, y de inundaciones.
Soy mujer de alas de cera, y pies de pájaro, y ojos de gata.
Soy mujer de pocas palabras, de desencadenar una mirada tras otra, y de intercalar sonrisas en los semáforos en rojo, y de pasármelos en ámbar porque aunque no tenga prisa me jode quedarme a las puertas del cielo en el asfalto de estas calles que ya me sé como las palmas de mis manos.
Soy mujer de vaqueros ajustados, de camisetas de tirantes, de cazadoras de cuero, de zapatillas de andar por casa, de papel de periódico mojado, de parques de otoño, de primaveras verdes en tus rodillas, de veranos con piscina propia, y de inviernos envueltos en paños de oro para no mojarme demasiado cuando llueve a bocajarro.
Soy mujer de heridas de guerra, y de constantes treguas para no acabar cansándome de ti aún sin tenerte.
Soy mujer de vocales abiertas y de consonantes cerradas, de sílabas impronunciables, y de endecasílabos asonantes.
Soy mujer de guitarras malsonantes y de teclas de piano suaves, y de armónicas tristes, y de voz rasgada, y de canciones de amor que siempre dicen lo mismo, y de las que nadie entiende nada.
Soy adolescente de autopistas que desbocan en la primera curva a la derecha, de gafas de sol sin graduar, de pies descalzos, de pantalones caídos, de círculos, de abscisas, de otoño.
Soy niña de risa fácil, de mandíbulas rotas, de cicatrices absurdas, de historias para no dormir, de mentiras piadosas, y de pocas cosas claras.
Soy, (así entre tú y yo), todo lo que más odio y amo a la vez de todo lo que me rodea. Stop. [Una fracción de segundo pasa sobrevolando una y otra vez el mismo charco y bebe y salpica cada dos por tres].
Y me gusta ser lo que soy, algunos días.
Otros, daría lo que fuera por ser todo lo que no puedo ser.
[[Para poder estar contigo]]

sábado, 2 de junio de 2007

ELLA



ELLA tiene una sonrisa sincera .
Un piercing en el lado derecho del labio. Unas gafas de pasta negras que le dan un toque de niña interesante.
ELLA tiene 20 años en su carnet de identidad, pero arrastra consigo teorías y reflexiones de una mujer curtida de historias.
ELLA pasea conmigo una vez al día, me hace reír una media de 2 veces por minuto, me hace la cena una vez al mes, me alimenta el hambre de vivir diariamente.
ELLA me llama en mitad de la noche para decirme que no está enamorada, y yo le digo que me parece muy bien, pero que por qué no se espera a que amanezca para contarme eso.
ELLA viaja siempre conmigo en coche, y conduce si hace falta, para que yo duerma a su lado en el viaje de vuelta.
ELLA viene conmigo a los conciertos. Y se inventa conmigo las letras. Y se balancea suave, y sonríe, y de repente salta y grita y se ruboriza, y me abraza.
Y YO no sé que haría sin ELLA.
Igual pasan 2 días sin vernos, y al reencuentro, sólo se me ocurre ponerle una canción de moda a todo volumen mientras bajo del coche y toda la calle nos mira abrazarnos en mitad de la carretera, como si tuviéramos la capacidad de parar el tiempo, y hacer que todo girara en torno nuestro.
ELLA me hace sentirme segura.
ELLA.
SÓLO ELLA.
Y YO, la quiero como a ninguna.

A ti, reina.
Porque nadie tiene la culpa de que seas tan maravillosa.
Ni de que yo haya tenido la suerte de cruzarme contigo, y de quedarme.
Porque te quiero, coño.

A TÍ

viernes, 25 de mayo de 2007

viaje de vuelta...


“Tengo la sensación de un colegio vacío,
de un viaje de vuelta…”

Gira todo vertiginosamente en torno a esa sensación intermitente.
El próximo viernes (o domingo, o miércoles), todo habrá cambiado sutilmente. Nadie notará que bajo sus pies la tierra gira con otro sentido, aunque mantenga la misma dirección. Nadie sentirá esa pequeña vibración de mis dedos a punto de extinguirse. No dará que hablar el vacío, que se revela permanente, de mi cama de matrimonio. No verán sus ojos mi tristeza. No pararán a escuchar de mi boca este final impertinente.
Las cartas que te escribí, ocuparán el mismo lugar en el que ahora habitan (el doble fondo de un cajón de escritorio nunca imaginó que podría acunar tanto amor tintado).
Pensaré que volveremos a encontrarnos. Que existirán otro espacio y otro tiempo para querernos como ahora no supimos.
No te buscaré, ni esperaré a que aparezcas. Pero guardaré en mis zapatos ese post-it donde escribí tu dirección. Por si el día menos pensado, aparece, de nuevo, la certeza de que debo volver a estar cerca de ti.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Porque yo de mayor quiero ser...


Y en dos líneas, que dejó tiradas sobre la cama vacía y esquelética, sin restos de amor que lamer, y sin victoria alguna, derrotó a su vanidad en 7 palabras que aún quedan intactas:


"Déjame que decida por tí.

Déjame equivocarte."


Se vistió, como siempre, con su uniforme de madre, de amiga, de hermana, de vecina, de cómplice, de pecadora, de heroína. Se limpió el rimel corrido de la cara, se quitó el maquillaje de la noche, se afiló los tacones con un par de pasos valientes en dirección a la puerta, y se ajustó el nombre que llevaba prendido con alfileres en su escote para darse a conocer al mundo:


MAMEN SOMAR. Heroína del fracaso.


Ella es, sin duda, (y robo estas palabras de su boca), el talismán perfecto para lanzarse a la derrota y renacer de nuevo sin un sólo rasguño. Ella es, y ojalá lo sepa, mi profesión pendiente.


P.D. Búsquenla en su libro: "Interior de una sombra", Ed. El arbol Espiral

viernes, 11 de mayo de 2007

La avaricia rompió el saco...

Quiero
quedarme 50 años al otro lado de tu cama.
Quiero
tu ventana en mis mañanas de resaca.
Quiero
mis manos en tus manos,
tu sudor primario en mi inventario de mentiras piadosas.
Quiero
tus 20 y mis 30, y tus 40 y mis 50
mano a mano, pared con pared, boca con boca.
Quiero
tus corrientes,
tus cambios de sentido,
tus verdades y tus enfados,
en las palmas de mis manos sedientas de compañía.
Quiero
mis noches a solas con café con leche y buena música.
Quiero
la risa y la prisa en el segundo cajón de mi mesita de noche,
debajo, justo debajo de mi ropa interior.
Quiero
tu corazón y mi indecencia
en mitad del camino.
Quiero
los zapatos rotos de tanto tropezar contigo.
Quiero
la mirada perdida,
la sonrisa constante,
el beso permanente,
la fecha de caducidad vendida,
el ruido callado,
las espinas sedadas,
el acero blindado,
y las puertas de mi vida cerradas a las personas malas.
Quiero
prescindir de la mentira y del alcohol.
Y quiero
drogas duras
en tu lengua y en mi mente
y en tu cintura y en mi pecho
y en tus ganas de comerte el mundo y en mis descansos a media tarde,
y en este vaso con restos de cerveza.

Quiero
la pereza vencida,
la victoria perdida,
y media vida entera para tenerte conmigo.
Repito:
Quiero quedarme contigo

martes, 17 de abril de 2007

Íbamos a querernos siempre.


Íbamos a querernos siempre,
desde las 5 de la mañana
hasta las 11 de la noche.


Íbamos a querernos siempre,
y tanto,
que a veces me asustaba imaginarlo,
y el suelo se encogía,
y tus manos hacían de cielo.


Íbamos a querernos siempre
como dos niños
dos gatas en celo
dos círculos viciosos
dos peces de acuario
dos estrellas de mar
dos adolescentes
dos ancianos
dos impertinentes.


Íbamos a querernos siempre
- y desde cuándo? -preguntaste.
- hace ya un rato que empezamos.
Y sonreías,
y besabas
mis brazos muertos
y mi boca en carne viva.


Íbamos a querernos siempre
y sin contrato.
Sólo quedó dicho en un boca a boca
sin distancia,
y así
era imposible mentirnos.


Íbamos a querernos siempre
... y ahora
me pregunto por qué no supimos hacerlo.




viernes, 30 de marzo de 2007

no te vayas sin mí, a donde te vayas

Quédate la colcha verde
quédate con la fruta y los andenes,
con el pasado y el rincón de pensar.

Me llevo tu risa en un frasco del tamaño de mi bolsillo trasero del pantalón más ceñido al culo. Te robo la indecencia y los atascos de tu boca al besarme a primera hora de la mañana, cuando los sucesos aún no han parado en la última estación.

Quédate con la colada y las manchas de leche,
con la almohada y los deberes que dejamos sin hacer.

Me llevo las calles cortadas, el paso ligero, y los enseres de la cena de ayer.
Te cojo prestadas del segundo cajón de tu mesita de noche la indecencia, tus braguitas de seda, y las llaves del coche.

Quédate con las habitaciones y el olor a podrido del amor incrustado en sus paredes.

Píntame una cruz en la espalda por cada huella de tu dedo índice que haya en ella. Seguramente no quede piel sin crucificar.

Me llevo en los zapatos tus pies descalzos, tu boca en mi boca, tus manos mar adentro, más adentro todavía.

Pero si te quedas…
quédate conmigo. Y yo me olvido de llevarme todo lo demás.

lunes, 12 de marzo de 2007

Tengo el corazón jodido
y no es precisamente por tus manos acróbatas,
ni por tu lengua ávida.
Tengo el rizador de pestañas abandonado
y el rimel y las medias de rejilla
se las he prestado a una fulana menos puta que yo,
pero más fina.
Tengo los dedos atrofiados
de tanto quererme a mí misma.

Y mira que te envío mensajes de auxilio con los labios, a ver si notas esta necesidad ingente de follarte en cualquier parte. Y mira que lidio con la idea de olvidarte y de olvidarme de quererte así de esta manera tan sucia (y créeme, sucia, no es una expresión cualquiera, y es que ahora tengo que cambiar las sábanas más que cuando dormías conmigo).
Y mira que le he prometido veces al camarero del club de la esquina que yo te soy más fiel que cualquier mujer que pueda no acostarse con más hombres, pero él se ríe, y mientras, me sirve otra copa aún más cargada.
Y es que aunque aún no te hayas aprendido mi nombre, y Lola, o Lucía, o Carla, sean tus nombres preferidos para mí cuando me aprietas contra ti como a una mujer curtida de cuerpos y de historias que no quieres oír, yo si me he aprendido todos los lunares prendidos con alfileres de seda en tu espalda de damasco.
Nunca te he pedido nada, y ahora que mendigo tanto amor, me siento un poco afortunada, ya ves. Siempre me gustaron las cosas sin sentido, las huidas, los sofocos, el relieve de tu piel de cocodrilo, la textura del suelo en mis rodillas, las lágrimas del engaño, el jardín de duermevela y el después de cada orgasmo compartido.
Y ahora que sé que no vas a darme más que placeres prestados y camas de hotel, voy a volver a mi placenta, a esperar a que no vuelvas, para no cansarme demasiado de este amor mórfico y minusválido que no me deja irme, todavía.