martes, 17 de abril de 2007

Íbamos a querernos siempre.


Íbamos a querernos siempre,
desde las 5 de la mañana
hasta las 11 de la noche.


Íbamos a querernos siempre,
y tanto,
que a veces me asustaba imaginarlo,
y el suelo se encogía,
y tus manos hacían de cielo.


Íbamos a querernos siempre
como dos niños
dos gatas en celo
dos círculos viciosos
dos peces de acuario
dos estrellas de mar
dos adolescentes
dos ancianos
dos impertinentes.


Íbamos a querernos siempre
- y desde cuándo? -preguntaste.
- hace ya un rato que empezamos.
Y sonreías,
y besabas
mis brazos muertos
y mi boca en carne viva.


Íbamos a querernos siempre
y sin contrato.
Sólo quedó dicho en un boca a boca
sin distancia,
y así
era imposible mentirnos.


Íbamos a querernos siempre
... y ahora
me pregunto por qué no supimos hacerlo.




viernes, 30 de marzo de 2007

no te vayas sin mí, a donde te vayas

Quédate la colcha verde
quédate con la fruta y los andenes,
con el pasado y el rincón de pensar.

Me llevo tu risa en un frasco del tamaño de mi bolsillo trasero del pantalón más ceñido al culo. Te robo la indecencia y los atascos de tu boca al besarme a primera hora de la mañana, cuando los sucesos aún no han parado en la última estación.

Quédate con la colada y las manchas de leche,
con la almohada y los deberes que dejamos sin hacer.

Me llevo las calles cortadas, el paso ligero, y los enseres de la cena de ayer.
Te cojo prestadas del segundo cajón de tu mesita de noche la indecencia, tus braguitas de seda, y las llaves del coche.

Quédate con las habitaciones y el olor a podrido del amor incrustado en sus paredes.

Píntame una cruz en la espalda por cada huella de tu dedo índice que haya en ella. Seguramente no quede piel sin crucificar.

Me llevo en los zapatos tus pies descalzos, tu boca en mi boca, tus manos mar adentro, más adentro todavía.

Pero si te quedas…
quédate conmigo. Y yo me olvido de llevarme todo lo demás.

lunes, 12 de marzo de 2007

Tengo el corazón jodido
y no es precisamente por tus manos acróbatas,
ni por tu lengua ávida.
Tengo el rizador de pestañas abandonado
y el rimel y las medias de rejilla
se las he prestado a una fulana menos puta que yo,
pero más fina.
Tengo los dedos atrofiados
de tanto quererme a mí misma.

Y mira que te envío mensajes de auxilio con los labios, a ver si notas esta necesidad ingente de follarte en cualquier parte. Y mira que lidio con la idea de olvidarte y de olvidarme de quererte así de esta manera tan sucia (y créeme, sucia, no es una expresión cualquiera, y es que ahora tengo que cambiar las sábanas más que cuando dormías conmigo).
Y mira que le he prometido veces al camarero del club de la esquina que yo te soy más fiel que cualquier mujer que pueda no acostarse con más hombres, pero él se ríe, y mientras, me sirve otra copa aún más cargada.
Y es que aunque aún no te hayas aprendido mi nombre, y Lola, o Lucía, o Carla, sean tus nombres preferidos para mí cuando me aprietas contra ti como a una mujer curtida de cuerpos y de historias que no quieres oír, yo si me he aprendido todos los lunares prendidos con alfileres de seda en tu espalda de damasco.
Nunca te he pedido nada, y ahora que mendigo tanto amor, me siento un poco afortunada, ya ves. Siempre me gustaron las cosas sin sentido, las huidas, los sofocos, el relieve de tu piel de cocodrilo, la textura del suelo en mis rodillas, las lágrimas del engaño, el jardín de duermevela y el después de cada orgasmo compartido.
Y ahora que sé que no vas a darme más que placeres prestados y camas de hotel, voy a volver a mi placenta, a esperar a que no vuelvas, para no cansarme demasiado de este amor mórfico y minusválido que no me deja irme, todavía.

viernes, 16 de febrero de 2007

sábado, 10 de febrero de 2007

Estaciones de descanso

Empiezo a encontrar en ti,
esquinas y cambios de sentido
de improvisto.
Y he decidido acelerar mi velocidad.

Las ruinas, el oráculo, tu pulso,
se (de)vuelven contra mí mientras me visto.

Tus manos,
y el preludio impensable que trazan
tus dedos perdidos
sobre el perfil de mis muñecas heridas.

No hay raza, no hay tiempo, no hay piel.
Tan sólo la extraña sensación de estar entrando
en ti
casi sin tocarte.

lunes, 5 de febrero de 2007

promesas y un café,sólo.

Aún con el aliento en la almohada,


entre la vigilia y tus manos.


Aún buscando sueños entre


tu pelo


tu ventana


tus manías.


Aún con las terminales del miedo


incrustadas


en mis vertientes veniales.


Aún con la curiosidad


acurrucada en la palma de mis manos.


Aún con dos meses


dos horas


o


sólo dos abrazos de vida,


prometo:


seguir

estar

reir

correr

volver

besarte (sin que te des cuenta)

enfadarte

pasear (sin agarrarte las manos)

diluir acentos

provocar huídas

reencontrarte

olvidarme

suspirar

recordarte

enamorarme de tí por momentos

quedarme

abrazarte

huir.

...Y encontrar la luz entre las sombras, en la penumbra que dejan tus ojos, tus rodillas, tu olor a inocencia canalla, tu placenta, tu pompa de jabón, tu huella.
Un abrazo.
Y la promesa de seguir.
Contigo.

jueves, 25 de enero de 2007

la perspectiva del tiempo

Las horas


los minutos


(sus segundos):



vuelven al reloj,



...sólo si vuelves.









Despacio. Más deprisa.
La risa y la indecencia nos desnudan.
Despacio. Más deprisa.
La duda y la ternura se debaten
(se reparten a trozos la cama).
Despacio. Más deprisa.
Mañana no voy a quedarme.
Despacio. Más deprisa.
Torres de marfil sobre tu sexo.
Las esquinas del fracaso son
curvas de improvisto
en el camino.
Son
ruido y vuelo raso,
Despacio. Más deprisa.
Tu sexo, las nubes.
Ruido de equilibrio incontenible.
Canícula intangible
en tus pupilas.
Ya llegamos.
Despacio. Más deprisa.
Entra y vete.
Despacio. Más deprisa.
No me excita lo más mínimo
tu manera de
pedirme un beso, de rodillas.
Despacio. Más deprisa.

viernes, 19 de enero de 2007

Pompas de jabón, y algún quizá.


He volcado el reloj de pared sobre el cuenco de leche caliente. Las agujas se han deslizado hasta la superficie líquida como vertidas autónomamente. Ahora la leche es más espesa. Las horas han dejado huella en apenas unos segundos de inmersión bajo su tacto escurridizo.
El desayuno vuelve a indigestárseme, y todo pasa rápido mientras el periódico, dobladito y algo deshojado a mi derecha, susurra en la contraportada un día caótico y desesperado por regresar a su placenta inicial, con sabor a nórdico y a oscuridad.
Pienso en ti. Pienso en si hubiéramos dejado las cosas como estaban. Pienso en si ayer no debí decirte todo lo que te dije. Pienso en si sería mejor hacer las maletas y regresar a mi cama esta noche. Pienso que quizá, tú me quieres demasiado, y yo me he quedado en el intento de alcanzarte.
Pienso en tu guitarra. En tus dedos encallados al salir de un baño caliente, envuelto en un cascarón del tacto de la seda que empapa la humedad y el sudor de tu cuerpo. Pienso en tu manera de huir, siempre a última hora. Pienso en tus canciones, y en tus carreteras. Pienso en tus noches y en tus ojos grapados por el cansancio cuando el despertador te grita buenos días.
Ya tengo puestos mis zapatos nuevos. Esta vez no tienen cordones, para que no se desaten y no tropiece. Vuelvo a caminar.
Sin ti.

sábado, 6 de enero de 2007


Vuelvo.
a una habitación,
[507],
de un hotel cualquiera.
La razón me miente
y cada hora y media
un pensamiento obsceno
te devuelve al otro lado
de mi cama.

Vuelvo.
De Tierra de Nadie.
Con las maletas llenas
de fotos y frases
a medias,
y un crucigrama mal hecho
a propósito,
para encontrar tu nombre
en las respuestas que a veces
(unas veces más que otras)
me invento para no (vol)ver.

Vuelvo.
De pisar los charcos
y arrancarle trenzas al destino
bañado en cobre y en platino
[para disimular sus flaquezas y arrugas].
No le encuentro sentido
a este juego
amañado para dejarme sin nada
en mitad de una calle
y desnuda
pidiéndote a gritos
un beso que me salve
del asfalto
y del suicidio preventivo.

Vuelvo.
del piedra papel o tijera,
para echar a cara o cruz
la idea de tirar a la basura
-todas las historias
-todas las dudas
-todo el pasado oscuro que me mantiene
en vilo y en constante autoengaño,
por culpa de la voraz
(curiosidad)
que un día despertaste en estas manos.

Vuelvo.
De tu voz y tus huídas.
A un lugar donde pensarte
es sinónimo de calma.
(Sólo de pensarlo
algo me anestesia el párpado más ciego).
Mañana volveré a buscar
todo lo que
me he olvidado en tu regazo
y en tu sexo.
mañana volveré para comprar
un último billete
sólo ida.
sólo huída.
sólo…
sólo…

domingo, 31 de diciembre de 2006

Final de la sexta parte.



Reniego, de los buenos propósitos para este próximo año. Al fin y al cabo, sólo terminan siendo un puñado más de promesas incumplidas. Y la verdad… bastantes son ya las que llevo apuntadas en el inventario forrado de piel de leopardo en el interior de mi americana de Dolce&Gabbana.
Renuncio de las noches amparadas en ligeras esperanzas y sutiles ilusiones que se proyectan sobre el cristal imanado del televisor. Me quedo con el alcohol vestido de un buen chorro de Smirnoff, 4 o 5 cubitos de hielo, el zumo de un limón exprimido, y una deliciosa tónica unificando texturas y sabores. Me quedo con los besos de todos. Los de ellos, y los de aquellas que se cruzan en mi camino esas noches en las que la ceguera es temporal y necesaria, para olvidar. Para sobrevivir. Para mudarme de disfraz y perder las heridas en la ropa que queda tendida sobre el suelo, en alguna habitación de hotel.
Apaga la luz, prefiero intuirte. Siempre supe que nada nos llevaría tan lejos como la imaginación y el deseo voraz de retenernos durante algunas horas. Me quedo con las calles a oscuras y con los pies descalzos clavándose en las arenas movedizas de tu sexo inmune. Me quedo con tu voz cortada anestesiándome la cordura y la razón, en un encuentro radiofónico que diluye acentos y nubla de segundas intenciones las palabras más sanas e inocentes. Me quedo contigo. Me quedo con la inocencia canalla que guardas en tus zapatos con la suela ondulada. Siempre te gustó ese balanceo indeleble… esa maravillosa sensación de vértigo atada a tu talón de Aquiles.
A mi siempre me gustó sentir.

Feliz Año a todos.
Un abrazo armado de deseos y pasiones.
Hasta la vista.